Ser pastor, dirigir, gobernar es ir en la vida por delante de los demás, con obras y palabras, vivir para el otro y no a costa del otro, firmar un compromiso de permanencia sin límite junto al pueblo, entablar una relación personal con él, conocer su nombre y su vida, compartir gozos y esperanzas, tristezas y angustias... (sigue AQUÍ).

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