No conviene equivocarse: hay veces en las que quisiéramos creer que la misericordia es irrefutable, que se impone a la razón, como una conclusión matemática.
Al contrario, el perdón y la misericordia son libres y gratuitos: no se pueden imponer y tampoco se pueden exigir a nadie. Podemos perdonar a alguien su falta sin comprender por qué actúa de esta manera. Podemos, por el contrario, comprender por qué ha actuado de esa manera, sin por ello perdonarle, y guardándole un profundo rencor... (sigue AQUI).

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