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FAUSTO ANTONIO RAMÍREZ

IN DUBIS LIBERTAS: Una mirada desde dentro y fuera de la Iglesia

13 Noviembre 2007

¿QUÉ ES LA SALVACIÓN - II - ?

El verbo salvar indica librar a una persona de un peligro o de una amenaza, o solucionar un problema grave o una situación difícil o comprometida.

En derecho, por salvar se entiende probar jurídicamente la inocencia de una persona acusada de algún delito o falta.

En el terreno religioso se puede afinar todavía más y significa dar la divinidad, la gloria y bienaventuranza eterna. Entendemos bien cuál es el objeto de la Salvación, pero no queda claro todavía de qué tiene que librar Dios al hombre, y tampoco de por qué lo tiene que liberar.

Dicho de otra manera y por aclarar mejor esta segunda pregunta, se puede plantear la siguiente consideración: si Dios crea al hombre para comunicarse gratuitamente con él, como expresión máxima de su amor, por qué lo hace colocándolo en una situación tan precaria en la que después debe intervenir para sacarlo de allí.

Afinemos, primeramente, el objeto de la Salvación para poder dar respuesta a esa segunda pregunta que acabamos de plantear. La intención de Dios al crear al hombre es la de hacerle participar de su mismo ser, es decir que pueda gozar de su misma condición, como interlocutor amoroso de su esencia.

Pero, lo que todavía no se comprende es, que si esa es su intención, por qué entonces hace de él un ser finito y limitado. Ahora sí están todos los elementos para comprender el contenido de la Salvación ofrecida por Dios al hombre.

Al haberlo creado circunscrito a los límites propios del espacio y del tiempo, la Salvación se entiende como la intervención de Dios para rescatarlo de su propia finitud. Entonces, ahora la pregunta de por qué lo crea con esos límites, si la intención era la de hacerle participar de su propia esencia, cobra todavía más fuerza.

El libro del Génesis, en sus tres primeros capítulos, quiere responder a esta pregunta. Si nos fijamos bien, el hombre descrito en el Génesis goza de una serie de atributos, que una vez expulsado por culpa del pecado, pierde automáticamente.

Esos atributos son: la inmortalidad, la posibilidad de comunicarse con Dios sin mediaciones, y la ausencia de mal. Si profundizamos más en esta simbólica originaria, la descripción que hace el primer libro de la Biblia estaría retratando lo que es la vida junto a Dios después de la muerte, o dicho de otra forma, lo que normalmente se comprende por Salvación.

Es decir, que cuando Dios crea al hombre, no lo hace en una situación de desventaja en la que luego tenga que intervenir para liberar al hombre. El problema de la Salvación se plantea entonces después del pecado, con el que el hombre pierde la inmortalidad y empieza a necesitar las mediaciones para comunicarse con Dios, y con la entrada del mal en el mundo.

A partir de este momento es cuando empieza la historia de la humanidad, y al mismo tiempo, la historia de la Salvación. La historia humana se comprende pues como la reconquista por parte del hombre, por recuperar los dones del principio y perdidos después, por culpa del pecado.

Dicho de otro modo, el Génesis lo que en realidad está describiendo no es una situación mítica referida a un origen, sino el punto de llegada del hombre hacia Dios, que llamamos Salvación. Ahora se entiende de qué tiene Dios que liberar al hombre, y es de una situación de finitud.

Con la explicación del Génesis se responde a la pregunta de por qué Dios crea al hombre en un estado de desventaja del que luego tiene que recuperarlo, si su intención es la de hacerse con un interlocutor para su amor. Pero, es que en realidad, siguiendo la lógica del Génesis, cuando Dios creó al hombre, lo hizo sin límites o dicho con otro lenguaje, lo hizo ya salvado.

Ahora bien, lo del Génesis no es más que un intento simbólico-mítico de explicación del porqué de una creación defectuosa y finita por parte de Dios.

Pero esto no termina de satisfacer nuestra curiosidad, puesto que los relatos del Génesis no forman parte de la historia real del hombre, así que todavía debemos esperar para rematar nuestra explicación que veremos más adelante.

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FAUSTO ANTONIO RAMÍREZ

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Soy licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Trabajé durante varios años en el sector editorial como redactor y director de una revista religiosa mensual. Docente de la Universidad Pontificia de Salamanca, trabajé como profesor de Teología. En la actualidad colaboro en diferentes periódicos digitales y preparo diferentes publicaciones de ensayo y narrativa.

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