
Desde los primeros tiempos de
El martirio conlleva un estilo de vida que culmina con la muerte sacrificial a la que el hombre se entrega por pura vocación. En ningún momento se comprende como un hecho insólito y heroico, sino como un acto de obediencia y entrega confiada a los planes de Dios. La vida del mártir, más que serle arrebatada, es ofrecida voluntariamente por amor a Dios.
El modelo de mártir por excelencia es Cristo que entrega su vida al Padre, ofreciéndola por
La muerte martirial no es más que la consecuencia de toda una vida asimilada, en hechos y palabras, a la misma vida de Jesús. En ese sentido los mártires son puestos como ejemplo por
Más tarde, en la historia de la espiritualidad cristiana, se destaca otra forma de martirio no cruento, como es el martirio espiritual, que sin terminar con la muerte violenta de la persona, se comprende como si lo fuera.
Lo importante, por lo tanto, del mártir no es el hecho de su muerte cruenta, sino su testimonio de vida, que inexorablemente, y por vocación específica, acaba con la entrega voluntaria, y en obediencia a los planes de Dios, de la propia vida.
La pregunta que se plantea ante estas premisas es si toda muerte violenta sufrida por los cristianos tiene carácter martirial. Bajo mi punto de vista, no. Ciertamente, el carácter violento de la muerte de un cristiano no explica que esa persona pueda ser considerada como un mártir.
En el mensaje de Benedicto XVI al Prefecto para
Mucho se ha hablado estos días de si en las beatificaciones de los 498 mártires españoles de
El tiempo lo dirá, y los historiadores y hagiógrafos también. Pero, desde un primer análisis, y sin conocer la biografía personal de cada uno de esos nuevos beatos, me temo que no en todos los casos existía una verdadera vocación para el martirio, sino que fue algo sufrido involuntariamente.
Por otro lado, el “odium fidei” del perseguidor, en algunos casos pudo ser cierto, pero cuando estas muertes se dan en unas condiciones de enfrentamiento civil, cualquier persona del bando opuesto, es víctima potencial de sus enemigos, independientemente de la fe que profese.
Por último queda la cuestión de aquellos cristianos que también murieron, pero en las filas de los perdedores de
La razón es tan débil como la misma seguridad que
Querer es poder, y ante la fuerza moral y política de
Cuando estas cosas pasan, que luego
Mártires los hubo en los dos bandos que se enfrentaron durante

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