LA TUMBA PERDIDA DE JESÚS

El pasado martes 11 de junio, pudimos ver en televisión el tan polémico y esperado documental sobre la tumba perdida de Jesús, producido por James Cameron, el conocido director de la película Titanic.
La tesis fundamental de este cineasta es que el hallazgo en 1980 de un osario en Jerusalén, contendría los restos mortales de Jesús de Nazaret.
Mi pretensión no es la de contestar su hipótesis, sino la de preguntarme en qué variaría la fe en la resurrección si realmente esos huesos fueran los del mismo Jesús.
Antes de nada dejaré clara mis dudas con relación a la tumba encontrada:
1. Todos los relatos antiguos están de acuerdo en afirmar que la tumba de Jesús, la mañana de la resurrección, se encontraba vacía, despejando las dudas de que los huesos de Cristo hubieran podido ser trasladados a otra tumba un año más tarde, tal y como sostiene el documental.
2. Con relación al nombre inscrito en el osario, de todos los arqueólogos es bien conocido que a lo largo del siglo I, se encontraron muchas otras tumbas con la misma inscripción.
3. No existe ningún documento, y por tanto ninguna prueba histórica de que Jesús estuviese casado y menos aún que tuviese descendencia. Por otra parte, los discípulos de Jesús jamás lo llamaron “hijo de José”.
4. Las tumbas descubiertas en Talbiot, dan fe de que esos restos mortales pertenecían a una familia con alto poder adquisitivo, lo que no corresponde para nada con la realidad sobre la familia de Jesús.
Pero en cualquier caso, lo más importante es que la fe cristiana no se apoya en el hallazgo de una tumba vacía, sino en un encuentro personal con Jesús vivo, y este encuentro es el que es capaz de transformar el corazón y la vida de cada hombre. Al lado de esto, el hallazgo del osario de Jesús carece de importancia para un creyente cristiano.
Tal y como lo narran los evangelios, la mañana misma de la resurrección, los discípulos, ante la tumba vacía de Jesús, no terminan de creerse que el Señor esté vivo. Hasta que no empezaron a ocurrir las primeras apariciones, su fe no se despertó.
Por eso, el sepulcro vacío no es una prueba fehaciente de la resurrección de Cristo, y tampoco fue interpretada de esa manera, en un primer momento.
Es más, los judíos, tal y como lo cuenta el evangelio de san Mateo, hicieron correr el bulo de que los discípulos de Jesús habían robado su cuerpo. Ellos no negaron que la tumba estuviera vacía, sino que lo interpretaron de otro modo para no dar credibilidad al testimonio de la resurrección que los discípulos empezaron a predicar, puesto que sin tumba vacía no se hubiera podido anunciar la resurrección de Jesús en un ambiente judío.
A la fe en la resurrección no se llega por demostraciones científicas o pruebas históricas. Es necesario encontrarse personalmente con el Cristo glorioso.
Lo que sí merece, por el contrario, una explicación histórica es ¿por qué surge inesperadamente la fe en la resurrección por parte de los discípulos? Para ellos estaba claro que después de la muerte de Jesús, todo había sido un rotundo fracaso, por eso algunos huyeron y otros se escondieron por miedo. Luego, era evidente que no creían en ese momento en la resurrección.
¿Qué fue entonces lo que ocurrió para ese cambio radical en la percepción de las cosas y qué les empujó a predicarlo a los cuatro vientos?
Evidentemente, tal y como lo narran los evangelios, el punto de inflexión se encuentra en la experiencia personal de Jesús resucitado, a través de las apariciones. En estos encuentros, el cuerpo glorificado de Jesús no responde a los cánones de corporeidad del resto de los mortales. Por eso, qué más da que se encuentren ahora huesos suyos o no. Su nuevo cuerpo está libre de las leyes físicas y materiales: puede atravesar muros y puertas, aparecer y desaparecer, reconocérsele algunas veces y otras no…
Si la fe en la resurrección no fuera acompañada de una experiencia personal, transformadora del hombre a todos los niveles, que ha traspasado ya más de dos mil años de historia, hace tiempo que esta falacia se hubiera terminado, y por el número de seguidores de Jesús que hay en el mundo, no parece que sea así.
Lo de James Cameron es un intento más por buscar resultados históricos y científicos a algo que no se puede demostrar porque traspasa los umbrales de la razón. En cualquier caso, todavía sigo sin ver la relación entre el osario de Jesús y la fe en la resurrección. Que sean o no los huesos del Señor, ni quita ni pone al hecho de que haya resucitado. ¿Acaso, cuando la resurrección final acontezca, Dios se va a encargar de ir reuniendo todos los restos mortales de cada hombre y mujer para recomponer su cuerpo? ¿Y con los que fueron incinerados cómo se las apañará?
La fe en la resurrección es otra cosa, y en eso se nota que el documental de James Cameron tenía más pretensiones por demostrar la historicidad de Jesús (cosa que está más que superada por cualquier historiador que se precie), que por negar su resurrección.
