BENEDICTO XVI Y LA Vª CONFERENCIA DEL CELAM
El pasado domingo 13 de mayo, Benedicto XVI inauguró la Vª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. En su discurso invitó a la Iglesia a que se alejara de las ideologías y se centrara en Cristo.
El Papa sabe bien que buena parte del futuro de la Iglesia se decidirá en Aparecida. Sin embargo, y para ahuyentar cualquier tipo de dudas o críticas al papel de la Iglesia, dejó bien claro que la cristianización del continente no supuso en ningún momento “una alienación de la cultura precolombina”. No obstante, se negó a recibir a una delegación de indígenas brasileños, tal y como hiciera Juan Pablo II en diferentes ocasiones.
Para el Papa no caben dudas, no se trata de volver a las religiones del pasado, anteriores a la conquista de Colón, porque eso llevaría a la Iglesia Latina a separarse de Cristo y del resto de la Iglesia Universal.
Para Benedicto XVI, la culpa del debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad se encuentra en todos los males terminados en “ismo”: “secularismo, hedonismo, indiferentismo, proselitismo de las sectas, y otras manifestaciones pseudos-religiosas”.
La fe en Dios, en boca del Papa, no debe alejar al hombre de los otros, porque “el que excluye a Dios de su horizonte, falsifica el concepto de realidad”. La fe en Dios debe conducir al hombre hacia la unión y la responsabilidad hacia los otros. Por eso, la opción preferencial por los pobres sigue siendo una prioridad de la Iglesia que nace de su misma cristología. Esta toma de postura del Papa debería partir no de una evangelización desde arriba, aplicando e infundiendo las verdades que forman parte de la doctrina cristiana que están recogidas en el Catecismo de la Iglesia Católica, sino partiendo de la realidad, y desde ahí llegar al Dios de Jesús, encarnado prioritariamente en los empobrecidos de la tierra.
En su discurso inaugural, Benedicto XVI propuso encontrar una tercera vía para encontrar la estructura justa que pueda paliar los problemas urgentes de orden social y político de América Latina. Esta tercera vía propuesta por el Papa sería una alternativa al marxismo y al capitalismo. Lo que me llama la atención es que el Papa ponga tanto el acento contra los regímenes totalitarios de izquierdas y tan sólo se limite a decir sobre la economía liberal que debe tener en cuenta la equidad. ¿Por qué será que la Iglesia no termina de desligarse de los partidos políticos de derechas?
El trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia, por eso el respeto por una cierta laicidad es fundamental dentro de la auténtica tradición cristiana. Los obispos españoles deberían tomar nota de todo esto y dejar de una vez que el gobierno, elegido mayoritariamente por los españoles, católicos y no católicos, haga su trabajo.
A ver si comprendemos todos, de una ver para siempre, que el cristianismo no es una ideología política, ni un movimiento social, ni un sistema económico. Sólo desde aquí la Iglesia podrá presentarse como abogada de la justicia y de los pobres, y bien sabe Dios que esto es más que una urgencia en América Latina.
